25 de julio de 2026
Talones agrietados y pies secos en invierno: cómo cuidarlos en La Costa
El frío y las medias todo el día resecan los pies. Te contamos cómo cuidar talones agrietados y piel seca con hábitos simples.
En invierno solemos prestarle mucha atención a las manos y la cara, pero los pies quedan olvidados dentro de las medias y las zapatillas cerradas. Y ahí, sin que lo veamos, la piel se reseca, aparecen los talones ásperos y esas grietas molestas que tiran cuando caminás.
En La Costa el frío y el viento marino suman su parte. Por eso hoy te contamos cómo cuidar tus pies durante los meses fríos, con hábitos simples y realistas.
Por qué se resecan los pies en invierno
La piel de la planta y del talón es más gruesa y tiene menos glándulas que producen grasa natural. Cuando baja la humedad del ambiente y sumamos duchas muy calientes, esa piel pierde agua y se endurece.
Algunos factores que lo empeoran:
- El agua muy caliente y los baños largos, que arrastran los aceites naturales.
- El roce constante con medias y calzado cerrado.
- Caminar descalzo sobre pisos fríos o ásperos.
- No secar bien los pies, sobre todo entre los dedos.
Cuando la piel del talón se reseca mucho, puede agrietarse. Esas grietas, además de doler, pueden convertirse en una puerta de entrada para infecciones, así que conviene no dejarlas avanzar.
Rutina simple para pies suaves
No hace falta un ritual complicado. Con constancia alcanza:
- Lavado con agua tibia, no hirviendo, y jabones suaves.
- Secado prolijo, con especial atención entre los dedos para evitar humedad.
- Hidratación diaria, idealmente de noche antes de dormir.
- Exfoliación suave una o dos veces por semana, con una piedra pómez sobre el talón, sin lastimar.
Un truco clásico: después de aplicar una crema bien hidratante en los talones, ponerte unas medias de algodón para dormir. La piel amanece mucho más suave.
Qué mirar en una crema para pies
En la farmacia vas a encontrar cremas y bálsamos pensados para piel muy seca. Suelen incluir ingredientes que ayudan a retener el agua y a ablandar la piel gruesa, como:
- Urea, que aporta hidratación y ayuda a suavizar durezas.
- Glicerina y otros humectantes.
- Manteca de karité y aceites que forman una capa protectora.
Las texturas más densas, tipo bálsamo, suelen rendir mejor en talones muy ásperos que las cremas livianas. Si no sabés cuál elegir, acercate y consultá con nuestro equipo: según cómo esté tu piel te podemos orientar sobre qué categoría de producto de venta libre se adapta mejor.
Cuándo prestar más atención
La mayoría de los pies secos mejora con hidratación y paciencia. Pero hay señales que conviene no dejar pasar y consultar con un profesional:
- Grietas profundas que sangran o duelen mucho al caminar.
- Enrojecimiento, calor o pus alrededor de una grieta.
- Descamación entre los dedos que no mejora o pica bastante.
- Zonas engrosadas que aparecen de golpe o cambian de aspecto.
Si tenés diabetes o problemas de circulación, el cuidado de los pies merece una atención especial. En esos casos, ante cualquier herida o cambio, lo mejor es hablar con tu médico antes de improvisar tratamientos.
Pequeños hábitos que suman
Más allá de la crema, hay costumbres que ayudan durante todo el invierno:
- Cambiar las medias todos los días y elegir materiales que no hagan transpirar de más.
- Rotar el calzado para que se ventile y no quede siempre húmedo.
- Evitar caminar descalzo sobre pisos muy fríos.
- Tomar suficiente agua, aunque en invierno dé menos sed.
Los pies nos sostienen todo el día y casi nunca los mimamos. Dedicarles unos minutos antes de dormir es un gesto simple que se nota, y llegás al verano con los pies listos para las ojotas.
Si tenés dudas sobre qué producto elegir para tu tipo de piel, pasá por la farmacia y con gusto te asesoramos.