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8 de junio de 2026

Ventilar la casa en invierno: por qué importa aunque haga frío

Ventilar la casa en invierno: por qué importa aunque haga frío

En invierno, en San Bernardo y en toda la costa, hacemos lo lógico: cerramos puertas y ventanas, prendemos la estufa y nos quedamos adentro. El problema es que ese aire que respiramos todo el día también necesita renovarse.

Ventilar no es solo una cuestión de comodidad. Es uno de los hábitos más simples y útiles para cuidar la salud respiratoria de la familia durante los meses fríos.

Por qué se vuelve pesado el aire de adentro

Cuando una casa permanece muchas horas cerrada, se acumulan varias cosas que no vemos: humedad de la respiración, del baño y de la cocina, partículas, polvo y los virus respiratorios que circulan más en esta época.

Ese ambiente cargado favorece dos cosas que conocemos bien en invierno:

  • La aparición de moho y humedad en paredes, sobre todo cerca del mar, donde el aire ya es húmedo.
  • Una mayor permanencia de virus en el aire de los espacios cerrados, justo cuando más circulan los resfríos.

Renovar el aire ayuda a bajar esa carga. No es magia ni reemplaza otros cuidados, pero suma.

Cómo ventilar sin morirte de frío

La idea no es tener las ventanas abiertas todo el día. Con pocos minutos bien aprovechados alcanza.

  • Abrí ventanas opuestas unos 5 a 10 minutos para generar corriente cruzada. El aire se renueva rápido y las paredes no se enfrían.
  • Hacelo dos o tres veces al día, por ejemplo a la mañana, al mediodía y antes de dormir.
  • Ventilá especialmente la cocina y el baño después de usarlos, que son los que más humedad generan.
  • Si tenés visitas o varias personas en un mismo ambiente, abrí un poco más seguido.

Un detalle útil de la costa: si hay viento fuerte de mar, alcanza con menos tiempo de ventana abierta porque el recambio es más veloz.

Estufas y calefactores: un cuidado que no es opcional

Acá va lo más importante del invierno, y conviene tomarlo en serio.

Los artefactos de combustión, como estufas a gas, calefactores, calefones y braseros, pueden liberar monóxido de carbono si no están en buen estado o si el ambiente está completamente sellado. El monóxido es un gas que no se ve ni se huele, y por eso es tan peligroso.

Algunas pautas generales de seguridad:

  • Nunca uses braseros, hornallas o estufas sin salida al exterior en ambientes cerrados para calefaccionar.
  • Que la llama de tus artefactos sea azul. Una llama amarilla o anaranja puede ser señal de mala combustión.
  • Mantené siempre una ventilación mínima, aunque sea una rendija, en los ambientes con estufa.
  • Revisá los artefactos con un gasista matriculado antes de la temporada fría.

Si alguien de la casa tiene dolor de cabeza, náuseas, mareos o somnolencia que mejoran al salir al aire libre, ventilá de inmediato, salí del ambiente y consultá con un servicio médico. Ante la duda, mejor prevenir.

Humedad justa, ni de más ni de menos

En invierno conviven dos extremos. Por un lado, la calefacción reseca el aire y nos deja la piel, la nariz y la garganta más tiradas. Por otro, la falta de ventilación junto al mar favorece la humedad y el moho.

Ventilar a diario ayuda a equilibrar las dos cosas. Si sentís el ambiente muy seco, un recipiente con agua o secar la ropa de a ratos puede ayudar. Si notás humedad y condensación en los vidrios, es señal de que falta recambio de aire.

Un cierre para esta época

Ventilar bien, mantener los artefactos en condiciones y cuidar la humedad del ambiente son tres gestos sencillos que hacen una gran diferencia en invierno, sobre todo cuando pasamos tantas horas adentro.

Si en casa hay bebés, personas mayores o alguien con problemas respiratorios, estos cuidados valen todavía más. Y si tenés dudas sobre productos para el cuidado de la piel reseca, el ambiente o el bienestar de la familia, pasá por la farmacia y charlamos. Estamos para ayudarte a pasar el invierno lo mejor posible.