20 de junio de 2026
Vitamina D en invierno: por qué baja y cómo cuidarla en la costa

Cuando llega el frío a San Bernardo, los días se acortan, salimos menos y nos abrigamos de pies a cabeza. Todo eso, sumado a un sol más bajo, hace que muchas personas se pregunten por la famosa vitamina D justo en esta época del año.
Te contamos de forma general qué es, por qué el invierno la pone en aprietos y qué podés hacer para cuidarte, sin recetas mágicas ni soluciones que prometan "energía infinita".
Qué es la vitamina D y por qué se habla tanto de ella
La vitamina D es un nutriente que el cuerpo necesita para funciones importantes, como ayudar a mantener huesos y dientes en buen estado. Tiene algo muy particular: una parte la fabricamos en la piel cuando nos da el sol, y otra parte la obtenemos de algunos alimentos.
Por eso se la suele llamar "la vitamina del sol". Y por eso mismo el invierno la complica un poco.
Por qué el invierno juega en contra
En esta época se combinan varios factores:
- Menos horas de sol. Amanece más tarde y oscurece temprano.
- Sol más bajo y débil. Los rayos llegan con menos intensidad que en verano.
- Más ropa. Camperas, bufandas y pantalones dejan muy poca piel expuesta.
- Más vida puertas adentro. Con el frío costero pasamos más tiempo en casa.
Nada de esto es un problema en sí mismo, pero ayuda a entender por qué en invierno el tema aparece más seguido en charlas y consultas.
El sol, con cabeza y sin exagerar
Un rato de aire libre cuando el día está lindo es un buen plan en cualquier estación. Caminar por la costanera al mediodía, hacer un mandado a pie o tomar unos mates en el patio suman movimiento y un poco de sol.
Eso sí: tomar mucho sol no es la solución y la exposición excesiva tiene sus riesgos para la piel. La idea no es asolearse horas, sino aprovechar momentos al aire libre dentro de tu rutina. El protector solar sigue siendo importante todo el año, también en invierno.
Alimentos que aportan vitamina D
La alimentación es la otra gran fuente. Algunos alimentos que suelen mencionarse como aportantes son:
- Pescados grasos, como caballa, sardina o salmón.
- Yema de huevo.
- Algunos lácteos y productos fortificados.
- Hongos.
Una alimentación variada, con verduras, frutas, legumbres y proteínas, es siempre una buena base. No hay un solo alimento que resuelva todo por sí mismo.
Cuidado con los suplementos por las dudas
En los kioscos virtuales y las redes circulan muchos productos que prometen llenarte de energía o reforzar las defensas. Acá va el mensaje importante: la vitamina D, como cualquier suplemento, no es algo para empezar a tomar por cuenta propia ni "por las dudas".
Los niveles de vitamina D se evalúan con un análisis y los interpreta un profesional. Si pensás que podrías necesitarla, lo mejor es hablar con tu médico, que va a decidir si corresponde estudiarlo y qué hacer en tu caso particular.
En la farmacia te podemos orientar sobre las categorías disponibles y aclarar dudas generales, pero la indicación siempre la da quien te conoce y te sigue.
Cuándo prestar más atención
Hay situaciones de la vida cotidiana en las que el tema suele cobrar más relevancia, como en personas mayores, en quienes pasan muy poco tiempo al aire libre o en distintas etapas como el embarazo o la lactancia. En todos esos casos, la consulta profesional es el camino.
Si sentís cansancio, decaimiento o cualquier malestar que te preocupe, no lo atribuyas solo a la falta de sol. Puede haber muchas causas y vale la pena que lo charles con tu médico.
En resumen
El invierno en la costa nos deja con menos sol y más ropa, y eso hace que la vitamina D aparezca en escena. Aprovechar los días lindos para estar al aire libre, cuidar la alimentación y consultar antes de tomar suplementos son los gestos más sensatos.
Ante cualquier duda, acercate a la farmacia y con gusto te orientamos.